Preciosa homilía de la profesión del 1° de Julio de 2012, a cargo de Mariela López rscj.
Quiero agradecerles la invitación a hacer resonancia de esta Palabra que han elegido y que dice de ustedes. Jola y Ellen, que con tanta dedicación las han acompañado en este tiempo, o cualquiera de nuestras hermanas con más experiencia podía estar aquí…Pero no he podido negarme a su petición, y la sorpresa que me provocó se ha convertido en un regalo también para mí: Hace diez años yo estaba donde están ustedes y este mismo Evangelio era el de mi profesión.
Dejen que las mire un poco: ¡Se las ve tan preciosas¡ Estoy segura de que no son las mismas que llegaron a la Villa Lante a principios de febrero, algo ha sido transformado en ustedes. En esta casa donde Sofía amó y oró tanto, el Señor ha pasado con fuerza por sus vidas, por sus historias, por sus relaciones…y ha ido poniendo Sus manos con gran delicadeza sobre cada rincón; en esas zonas más lastimadas o heridas, sin quebrar lo cascado, sin apagar la mecha vacilante; sanando, embelleciendo…Y las invita a poner sus propias manos en cada espacio de sus vidas para poder ponerlas, con ternura y reverencia, sobre todos aquellos que van encontrando. Y poner las manos significa poner el amor.
Los que hoy las contemplamos no podemos más que asombrarnos y agradecer este gesto desmedido de doce mujeres, venidas de cuatro continentes, que quieren entregar sus vidas totalmente a Dios, y a sus hermanas y hermanos.
A la luz de la Palabra que hemos escuchado me vienen tres invitaciones en esta encrucijada del mundo en la que hacen la donación de sus vidas:
- La primera invitación es que sean mujeres que tienen hambre y sed de justicia en un mundo desgarrado por las desigualdades.
En la primera lectura del profeta Isaías se subraya el deseo de justicia. En hebreo es Sedaqah. La Sedaqah en la biblia tiene un sentido más amplio y rico que nuestra justicia. Se da en el ámbito de unas relaciones sanas y armónicas, pacíficas; y tiene que ver con la compasión y con una vida reconciliada. Está envuelta esta justicia en sabiduría, fecundidad y bendición. Un orden de la vida donde la bendición fluye para todos, sin que nadie quede excluido y donde cada criatura tiene su lugar.
El Señor las eligió a cada una y las tomó de la mano, todos estos años y el resto de sus vidas las irá formando para enviarlas: a liberar, a establecer relaciones justas, a vivir como mujeres que cuidan la creación y que velan por el crecimiento de los otros. Esta justicia se práctica con unos modos que sólo podemos aprender de Jesús. Unos modos no impacientes, no depredadores, no agresivos…Mansa y humildemente, con una gran vulnerabilidad.
Dice una poeta brasileña: “No sé si la vida es corta o demasiado larga para nosotras. Pero sé que nada de lo que vivimos tiene sentido si no tocamos el corazón de las personas” (C. Coralina).
Esa es su tarea: tocar los corazones. Tocar en los otros su realidad más vulnerable, poner sus manos, con delicadeza, en su parte lastimada y en su parte de luz, como han sido tocadas ustedes. Hacerles presentir el gran Amor que les habita.
Podrán ayudar a otros a integrar y a valorar sus vidas, a amarlas tal como son, en la medida en que dejen que el Señor lo vaya haciendo también con ustedes. Y ya conocen su secreto, Su Corazón está abierto por una herida.
- La segunda invitación es que sean mujeres que aman generosamente, sin medida.
Hacen su profesión cuando celebramos los 25 años de las nuevas Constituciones. Los números que han elegido son un itinerario que las conduce hacia el Misterio de Dios y hacia el dolor de los otros. Encuentran su vitalidad en la unión y conformidad con el Corazón de Jesús porque sin Él no podemos nada. Allí está nuestro lugar de crecimiento, de curación, de belleza, de fecundidad.
Cuando Jesús toma la imagen de la vid nos está mostrando su propia experiencia del amor. Ese amor que fue descubriendo poco a poco: en aquella mujer con hemorragias que lo toca y le confirma en su capacidad para sanar, en la cananea que le ensancha el horizonte de su misión, en sus amigas Marta y María que le mostraron el afecto en tantos gestos y le enseñaron a expresar el suyo. Jesús hizo experiencia en sus relaciones de este amor ancho, generoso, bueno, sanador…y fue aprendiendo también él a dejarse amar; a reconocer los momentos de la poda y el tiempo de las flores y los frutos.
La vid nos habla de enraizamiento, de proceso, y de tejido relacional. No podemos crecer solas, ni dar fruto solas. Las uvas se ofrecen juntas. Creen lazos unas con otras y desplieguen lo que significa ser hermanas…ese vínculo del amor entre nosotras. Que en las comunidades donde vayan se puedan decir unas a otras: “Crezco a tu lado. Tú me das el espacio que necesito para ser yo misma”.
Jesús las invita, con Él, a amar mucho y a dejarse querer, a ser mujeres de corazón amplio, que se vuelca, como el suyo, en los pequeños, en los pobres, en los frágiles, en los no amados…
- Y por último, la tercera invitación es a completar en sus vidas la alegría de Jesús y a ser fecundas.
La fecundidad es distinta del éxito. La fecundidad necesita poda y el éxito busca logros, la fecundidad necesita proceso y el éxito resultados rápidos, la fecundidad requiere la oscuridad de la tierra: la sencillez, la paciencia, la confianza…Y esa fecundidad no la medimos nosotras, hay que dejarla al cuidado del Viñador.
“Les digo todo esto -nos recuerda Jesús- para que participen de mi alegría y su alegría sea colmada” (Jn 15,12). Esa alegría suave que emerge más adentro de nuestros miedos.
Que su alegría se cumpla en ustedes, que sus vidas sean motivo de alegría para otros; que la gente al mirarlas pueda comentar: “¡se las ve tan contentas!”…y nosotras tendremos ganas de decirles: “¿saben su secreto?” Hay una cualidad en ellas que atrae. Esa cualidad es su plenitud, la plenitud de la fruta cuando está madura. Están plenas porque son amadas, tan amadas como se puede ser en este mundo.
Como nuevas profesas en la Sociedad del Sagrado Corazón empiezan sus vidas. Estrénenlas con pasión, confianza y coraje, abrazando en Él todas las cosas, como el sarmiento se deja abrazar y tomar por la vid. Abandonadas al modo en que su Amigo y Señor quiera vestirlas de flores y de frutos.
Y pasen de mano en mano, con gratitud y esplendidez, el vino único de sus vidas, su cuenco colmado, ante tanta sed, ante tanta necesidad de reconocimiento y amor. Digan a todos aquellos que encuentren por los caminos: “Tomen, beban“…
Dichosas ustedes, y dichosos todos los que estamos hoy aquí que podemos gustar y celebrar la hermosa ofrenda de sus vidas.
Y recuerden, pase lo que pase no se suelten nunca de Su mano, en esa confianza adentro de que si llegáramos a soltarnos Él nos tomará con más fuerza aún de las muñecas, como en esos iconos ortodoxos de la resurrección. Nada las puede separar de la savia de este amor injertado en sus vidas. Vuelvan a él, una y otra vez, como al aire que respiran.
¡Enhorabuena a cada una!












